JULIO CORTAZAR LAS ARMAS SECRETAS PDF

San Martin, Rivadavia, mas esses nomes eram tambm imagens de ruas e coisas, Rivadavia n2- 6. Cada carta de mame inclusive antes daquilo que acabava de acontecer, aquele absurdo erro ridculo mudava de repente a vida de Luis, devolvia-o ao passado como uma bola quicando com fora. Antes mesmo daquilo que acabava de ler - e que agora relia no nibus, entre enfurecido e perplexo, sem terminar de se convencer de todo -, as cartas de mame eram sempre uma alterao do tempo, um pequeno escndalo inofensivo na ordem de coisas que Luis havia querido e traado e conseguido, adotando essa ordem em sua vida como havia adotado Laura em sua vida e Paris em sua vida. Cada nova carta insinuava por um instante porque depois ele as apagava no exato ato de respondlas carinhosamente que sua liberdade conquistada a duras penas, aquela nova vida recortada com ferozes golpes de tesoura na madeixa de l que os outros haviam chamado de sua vida, deixava de justificar-se, perdia p. No sobrava nada alm de uma tola liberdade condicional, a piada de se viver como uma palavra entre parnteses, divorciada da frase principal e da qual, no entanto, quase sempre sustentao e explicao.

Author:Mojin Kecage
Country:Portugal
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):20 May 2010
Pages:190
PDF File Size:20.56 Mb
ePub File Size:14.61 Mb
ISBN:452-2-86797-889-2
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En lo que quedaba, una mezcla de gris y negro, nos hemos reconocido mejor. Un mes por lo menos. El primero, el dos, el tres, el veintiuno. Porque he perdido el saxo. Por el silencio siguiente me he dado cuenta de que ha sido tiempo perdido. Parece que Rory Friend tiene uno.

Lo malo es que el contrato de Johnny El contrato —ha remedado Johnny—. Y en todos ellos tocaba como yo creo que solamente un dios puede tocar un saxo alto, suponiendo que hayan renunciado a las liras y a las flautas. No es lo mismo. Ya va a hervir el agua, espera un poco. He visto pocos hombres tan preocupados por todo lo que se refiere al tiempo. Tienes fiebre, y no comes nada. Te das una idea, Bruno. Oye pero ese contrato Y en el peor de los casos Bruno, cada vez que me doy mejor cuenta de que el tiempo Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada.

Me he dado cuenta de que ni siquiera tienen agua corriente en la pieza; veo una palangana con flores rosadas y una jofaina que me hace pensar en un animal embalsamado.

No a entender, porque en realidad no entiendo nada. La cabeza le suena como un coco. Esto no piensa ni entiende nada. Nunca me ha hecho falta, para decirte la verdad.

Pero no es realmente entender, en eso estoy de acuerdo. Es verdad, Bruno. No soy yo, yo. Debe ser algo terrible, porque la vieja se tiraba de los pelos cada vez que el viejo hablaba de la hipoteca, y acababan a los golpes. De pelea en pelea, casi sin comer. Pero entonces hay que creer que este tiempo no tiene nada que ver con Como hace rato que conozco las alucinaciones de Johnny, de todos los que hacen su misma vida, lo escucho atentamente pero sin preocuparme demasiado por lo que dice.

La droga y la miseria no saben andar juntas. Y la boca se mueve otra vez, golosamente la gran lengua de Johnny recoge un chorrito de saliva de los labios. Las manos hacen un dibujo en el aire. Pero debe ser hermoso, yo siento que debe ser hermoso. Pero no, yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se rellena. Caben dos trajes, y dos pares de zapatos.

Pero lo mejor no es eso. Las cosas que pacecen duras tienen una elasticidad Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Be—bata—bop bop bop, chrrr. Lo que tiene es sed, una sed, una sed. Y unas ganas de fumar, de fumar. Sobre todo unas ganas de fumar. Siento la mano de Johnny en la rodilla. Pero me tiene harto. Hace rato que no la quiero, que no puedo sufrirla.

Pero tengo que librarme de ella, volver a Nueva York. Sobre todo tengo que volver a Nueva York, Bruno. No me refiero al trabajo sino a tu vida misma.

Y al final me di cuenta. Dice que te quedes tranquilo. No era pensar, me parece que ya te he dicho muchas veces que yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo.

Los recuerdos son siempre un asco, pero esta vez me gustaba pensar en los chicos y verlos. No al mismo tiempo, sino que en realidad me estaba paseando alrededor del vestido de Lan y lo miraba despacio.

Se tapa la cara con las manos y tiembla. La gente estaba enloquecida, y los muchachos de la orquesta me lo dijeron muchas veces. Johnny puede tocar mejor que nunca si el doctor Bernard le corta la gripe. Solamente que Si Johnny se pone de rodillas, como lo he visto en Chicago, y le suplica llorando

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